no más peliculas

Abrió los ojos con el segundo timbrazo.
Se levanto de prisa pero protestando... ¿a quien se le podía ocurrir tocar el timbre un sábado a las ocho de la mañana?, no podía ser quien el esperaba nunca.
La bata, las pantuflas, acomodarse bien el pelo y a la puerta. En el transcurso del pasillo a la puerta que no superaba los dos metros, otro timbrazo que lo puso histérico.
- ¿¡Quien demonios!? -gritó mientras abría la puerta.
Su cara tomó el color de una manzana... rojo brillante, al ver que detrás de la puerta se encontraba... el cartero.
-Correo señor.
-Si, lo siento.
-Firme aquí por favor.
Pero... ¿desde cuando para recibir una carta personal era necesario firmar?, solo si las cartas provienen de un solo sitio es necesario firmar la entrega... sus ojos comenzaron a brillar de solo pensarlo.
-Si, claro... Gracias.- concluyó mientras firmaba apresurado... lo más probable era que su firma no se pareciera en nada a la original, sino más a un garabato, la emoción le alteraba los sentidos.
Nunca le había mandado una carta, de hecho recordaba que una vez confesó que odiaba escribir, sobre todo cartas... prefería las cosas cara a cara.
Claro ¿por que escribiría ahora?, su ultima visita fue hace un mes... no hace tanto de eso, recordaba periodos más largos de ausencia y ni siquiera un mensaje o correo... esto se le hacia raro y lo estaba preocupando.
Dejó la carta sobre la mesa antes de disponerse a siquiera leer el remitente.
Se fue a vestir, estaba seguro que no podría concebir el sueño de nuevo por mucho que lo intentara. La ansiedad y curiosidad entorpecían sus actos, y el vestirse le llevo más tiempo del que hubiera querido.
Fue a la cocina y se hizo un café caliente como cualquier otro día. Tomo la taza y fue a sentarse a esa mesa donde había depositado el papel que había comenzado el caos esa mañana.
La tomó en sus manos, y leyó lo principal... el remitente. Provenía del lugar de donde esperaba y su "escritor" era quien sospechaba.
Los nervios amenazaron de nuevo. No era recurrente en esa persona una cosa tal. Odiaba escribir, y si en verdad tuviera algo importante que decir hubiera ido en persona.
Recordó que su adorada Jung Sook era una cazadora y de los riesgos que esto tenia y se le puso la piel de gallina.
No quería ni pensar en tragedias pero era lo único que volvía una y otra vez a su mente. El cuerpo pálido de su adorada tal y como lo recordaba pero esta vez, sin vida, y vestido de negro.
Sus azules ojos se mezclaban con el miedo y comenzaban a fabricar ese liquido de la debilidad que el tanto odiaba... las lágrimas.
Rompió el lado izquierdo del sobre con suavidad mientras trataba de calmar sus emociones y recibir la mala noticia de forma objetiva. Ya estaba pensando en llamar a la psicóloga que lo atendió durante dos años cuando murió su madre aunque eso paso cuando tenia ocho años, Akira sabia que esto le llevaría más años de seción, Jung Sook era todo.
Sacó la carta del sobre y antes de abrirla cerró los ojos y en modo de rezo y para si mismo suplicaba que no sean malas noticias.
Abrió el papel que estaba doblado en dos, y comenzó a leer.

Querido Akira:
Se que tal vez te parezca raro que escriba, pero creo que la emoción me llevo a esto, además sino lo hacia seguramente te asustarías y pensarías cualquier cosa... esas peliculas que ves te pudren la mente. Quería contárte que me ausentaré mas tiempo de lo normal.
¡Tengo dos meses de vacaciones! -escribía en letras más grandes- dos meses... si, es mucho. Lamentablemente no voy a poder verte porque con los chicos nos vamos a Sabaku Tsumetai, dicen que es hermoso. Vi fotos que me mostró Scarlett del viaje del año anterior y hay mucha nieve y un bello paisaje.
Ojala pudieras estar conmigo. Pero no te preocupes voy a tomar muchas fotos y a penas vuelva voy a ir a mostrartelas.
Aqui lo dejo.
Te quiero mucho.
Comportate en mi ausencia Princesa.

att: Jung Sook

Atónito Akira dejó el papel sobre la mesa y pasados dos segundos comenzó a reír mientras las lágrimas acumuladas en sus ojos se enjuagaron.
-Que tonto.- se sentenció aun riendo.
Los nervios se habían ido a pesar de que no la vería por más tiempo del debido, ella estaba bien y feliz, que era lo que Akira más anhelaba.
El susto había sido para nada, y se prometió a si mismo, no mirar más películas antes de ir a dormir.

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