... no dirás nada
Ella estaba caminando sola por el bosque oscuro. A su ágil pero lento paso crecían magnolias, por doquier, el camino se llenó de flores, mientras lágrimas caían de los ojos de la niña que teñían las flores de azul oscuro.
Se sentó a orillas del lado de las ninfas, donde las luciérnagas eran las únicas que habitaban. Las flores no dejaban de crecer ni de teñir se de azul.
De repente de un árbol cercano al pequeño lago de aguas negras y luces blancas salió una luz, una luz anaranjada, como fuego. La chica retrocedió, las flores dejaron de crecer, se había asustado.
Definitivamente, de un agujero en el tronco del gigantesco árbol, salió un joven. Desplegó toda su magnificencia y haciendo un rugido leve pero aterrador, el fuego que salía del agujero en el tronco desapareció.
Ambos se quedaron helados al verse a la cara... ella no podía creer lo que había visto; el no podía creer que lo habían visto.
Sus ojos rojos brillantes recorrieron a la niña de pies a cabeza, el le sonrió y ella se aterró aun más.
-No te haré daño- le dijo el, mintiendo notablemente... extendió una mano a la chica.
Ella no se acercó, sus ojos cada vez demostraban más pánico. De lo profundo de la tierra crecieron raíces, gruesas, con espinas y secas que invadieron todos los rincones del suelo en pocos segundos.
El joven de cabello violeta se acercó, posando sus rojos y amenazantes ojos sobre la chica.
-No he hecho nada...- dijo ella con la voz entre cortada, denotando el pánico que la invadía.
-Lo sé...- dijo el, denotando una sonrisa.
Se acercaba a la chica con paso lento, y firme, con movimientos grácil. Mientras la joven, inmóvil, se iba sumiendo en sus propias enredaderas que formaban al rededor de la chica una especie de pedestal con vallas.
-No temas...- dijo el nuevamente al notar que el pánico de la chica era lo que recreaba las enredaderas. -Podemos hacer un trato- dijo con voz seria y apagada.
-No... por favor no- dijo ella, mientras su pánico aumentaba. El joven de cabello violeta claro, se acercó a su pequeña guardia y de los pies, brotó una llama que incendió toda la enredadera haciéndola desaparecer por completo.
Los ojos de la joven se tornaron incrédulos, no sintió el calor del fuego cuando pasó por sus pies.
-No he hecho nada...- volvió a repetir.
-Repito: Lo sé... pero lo viste todo... no puedo dejar que lo sepan- dijo el, señalando el árbol con la vista.
-Nadie lo sabrá...- dijo ella con tono de desesperación.
-No puedo asegurar eso... pero sabes que te ocurrirá si lo dices...-
-Sí, lo sé- concluyó ella con tono apagado y de resignación, unos segundos luego prosiguió -Hagamos el trato- dijo, con tono firme mal disimulado. Unas pequeñas lágrimas quería escapar de sus ojos.
-Me parece prudente que lo pidas- dijo el extendiendo una mano.
Ella se adelantó hacia el, extendió el brazo para posar su mano sobre la del joven... pero este retiró su mano antes de que la chica pudiera apoyar la suya.
-Nos volveremos a ver... cuando mueras, no irás al cielo- dijo el mientras se giraba para seguir su camino.
-...y el trato- dijo ella aliviada, pero aun tensa.
-Ese es el trato...- dijo ya de espaldas a ella y caminando a paso tranquilo, levantó una mano en señal de saludo y pronto se perdió entre los árboles.
-No diré nada... lo prometo- dijo la chica para si misma.
Se sentó a orillas del lado de las ninfas, donde las luciérnagas eran las únicas que habitaban. Las flores no dejaban de crecer ni de teñir se de azul.
De repente de un árbol cercano al pequeño lago de aguas negras y luces blancas salió una luz, una luz anaranjada, como fuego. La chica retrocedió, las flores dejaron de crecer, se había asustado.
Definitivamente, de un agujero en el tronco del gigantesco árbol, salió un joven. Desplegó toda su magnificencia y haciendo un rugido leve pero aterrador, el fuego que salía del agujero en el tronco desapareció.
Ambos se quedaron helados al verse a la cara... ella no podía creer lo que había visto; el no podía creer que lo habían visto.
Sus ojos rojos brillantes recorrieron a la niña de pies a cabeza, el le sonrió y ella se aterró aun más.
-No te haré daño- le dijo el, mintiendo notablemente... extendió una mano a la chica.
Ella no se acercó, sus ojos cada vez demostraban más pánico. De lo profundo de la tierra crecieron raíces, gruesas, con espinas y secas que invadieron todos los rincones del suelo en pocos segundos.
El joven de cabello violeta se acercó, posando sus rojos y amenazantes ojos sobre la chica.
-No he hecho nada...- dijo ella con la voz entre cortada, denotando el pánico que la invadía.
-Lo sé...- dijo el, denotando una sonrisa.
Se acercaba a la chica con paso lento, y firme, con movimientos grácil. Mientras la joven, inmóvil, se iba sumiendo en sus propias enredaderas que formaban al rededor de la chica una especie de pedestal con vallas.
-No temas...- dijo el nuevamente al notar que el pánico de la chica era lo que recreaba las enredaderas. -Podemos hacer un trato- dijo con voz seria y apagada.
-No... por favor no- dijo ella, mientras su pánico aumentaba. El joven de cabello violeta claro, se acercó a su pequeña guardia y de los pies, brotó una llama que incendió toda la enredadera haciéndola desaparecer por completo.
Los ojos de la joven se tornaron incrédulos, no sintió el calor del fuego cuando pasó por sus pies.
-No he hecho nada...- volvió a repetir.
-Repito: Lo sé... pero lo viste todo... no puedo dejar que lo sepan- dijo el, señalando el árbol con la vista.
-Nadie lo sabrá...- dijo ella con tono de desesperación.
-No puedo asegurar eso... pero sabes que te ocurrirá si lo dices...-
-Sí, lo sé- concluyó ella con tono apagado y de resignación, unos segundos luego prosiguió -Hagamos el trato- dijo, con tono firme mal disimulado. Unas pequeñas lágrimas quería escapar de sus ojos.
-Me parece prudente que lo pidas- dijo el extendiendo una mano.
Ella se adelantó hacia el, extendió el brazo para posar su mano sobre la del joven... pero este retiró su mano antes de que la chica pudiera apoyar la suya.
-Nos volveremos a ver... cuando mueras, no irás al cielo- dijo el mientras se giraba para seguir su camino.
-...y el trato- dijo ella aliviada, pero aun tensa.
-Ese es el trato...- dijo ya de espaldas a ella y caminando a paso tranquilo, levantó una mano en señal de saludo y pronto se perdió entre los árboles.
-No diré nada... lo prometo- dijo la chica para si misma.

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